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RTICULO

Autores:
L. M. ILZARBE
Médico estomatólogo
Director médico Clínica ILZARBE-ICQMED
Investigador asociado al Instituto AIMME, Parque Tecnológico. Paterna. Valencia

Luis Maria ILZARBE,hijo
Estudiante Odontología
Universidad Literaria de Valencia

Francisco Javier 
PÉREZ POVEDA
Odontólogo
Clinica ILZARBE - ICQMED
Valencia

 

El Camino de Santiago: propuesta de porteador para traslado de cargas por peregrinos


Resumen

El Camino de Santiago se ha convertido en un fenómeno social de extraordinaria magnitud que trasciende fronteras y culturas. Su reconocimiento como Primer Itinerario Cultural Europeo en 1987 y su declaración como Patrimonio de la Humanidad en 1994, no deja lugar a dudas sobre la importancia de este Camino.
La "Vía Lactea" o Camino de Santiago constituye desde hace más de 1000 años una de las principales rutas de peregrinación de los cristianos. El sepulcro del apóstol en Compostela ha sido desde su descubrimiento, allá por el año 830, imán de peregrinos procedentes del resto de España, de Europa y del mundo.

Desde hace muchos años hemos seguido con interés las vicisitudes de esta ruta milenaria. El Camino es una especie de injerto histórico en la vida moderna que conserva tradiciones exquisitas, absorbe y envuelve a quienes lo recorren en un misterioso ambiente que mezcla lo cultural con lo religioso, lo costumbrista y mucho más. El Camino marca y deja un recuerdo en la persona que lo recorre que hace que uno vuelva a su trabajo, a su ciudad de origen, y cada poco gire la cabeza y oriente sus pensamientos hacia el noroeste, en dirección al mítico Finisterre, con mezcla de asombro e interrogación. Lo dice todo aquél que lo ha experimentado.

He concluido, por mi formación médica, si la razón última sea el caminar a pie. Caminar a pie significa practicar el desplazamiento fisiológico natural del ser humano. Todo lo que sea sacar el organismo de la velocidad máxima de sus pies es alejar los sentidos de los límites de su capacidad biológica y perder por tanto continuadamente estímulos.
Y el Camino es lanzarse a pie una o varias semanas, por carreteras, sendas y veredas, devolviendo el cuerpo humano a su velocidad natural y contagiando la misma al pensamiento y la reflexión, que pierden estrés y ganan en lógica.
El pasado año, agosto de 2004, emprendí una etapa por el camino en Navarra. Adelanté a una extranjera solitaria de paso cansino, ascendiendo con gran dificultad hacia el Alto del Perdón. La infortunada peregrina arrastraba sobre sus espaldas una mochila muy voluminosa.
Se me ocurrió por ésta y otras razones, estudiar un aparataje para facilitar el traslado de mochilas pesadas y así conseguir una peregrinación más confortable en lo posible, especialmente para aquellas personas con capacidades físicas mermadas.
Con ayuda de ingenieros diseñamos un sistema sobre ruedas semejante al que utilizan las yuntas de bueyes o las caballerías para arrastrar cargas pesadas.
Presentamos en este trabajo un desarrollo científico que hemos ideado y probado en el Camino durante 200 kmts., mezclado con un recuerdo histórico obligado del milenario Camino.

 

Introducción:
Introducción al Camino

El Camino de Santiago se ha convertido en un fenómeno social de extraordinaria magnitud que trasciende fronteras y culturas. Su reconocimiento como Primer Itinerario Cultural Europeo en 1987 y su declaración como Patrimonio de la Humanidad en 1994, no deja lugar a dudas sobre la importancia de este Camino.
La "Vía Lactea" o Camino de Santiago constituye desde hace más de 1000 años una de las principales rutas de peregrinación de los cristianos. El sepulcro del apóstol en Compostela ha sido desde su descubrimiento, allá por el año 830, imán de peregrinos procedentes del resto de España, de Europa y del mundo. El hecho de poseer la "Compostela", documento acreditativo de haber realizado el Camino, une a gentes del siglo IX con gentes del siglo XXI. Al fervor religioso que actuaba como motor de aquellos peregrinos del medioevo, se une en nuestros días el interés cultural, artístico y deportivo que despierta el Camino, en cuyo recorrido podremos admirar diferentes paisajes, diferentes pueblos y diferentes formas de vida.

Figura 1.- Imagen de Santiago Peregrino que preside el Altar Mayor de la Catedral de Compostela. Tras ella los peregrinos van pasando para cumplir con uno de los rituales finales de la peregrinación: el abrazo al Apóstol.

Razones de nuestro desarrollo de ingeniería

Soy antiguo peregrino del Camino de Santiago. Hice la ruta completa en el verano del año 76 iniciando la peregrinación en el seno de un pequeño grupo desde Zaragoza con el propósito de investigar la calzada romana, vía imperial que unió en su tiempo Caesaraugusta (Zaragoza) con la Gallaecia romana (la actual Comunidad Gallega), provincia del Imperio que por su importancia llegó a ser independiente y a donde las legiones acudían entre otras cuestiones atraídas por su gran riqueza mineral.
En bastantes tramos de Aragón y Castilla, por donde pasa el Camino, todavía se pisa la típica piedra de rodadura, maravillosa muestra de ingeniería que habla, sin necesidad de palabras, con el fiel testimonio de la presencia perdurable de siglos, del esplendor científico de la civilización romana. Es muy abundante así mismo la calzada romana conservada desde O Cebreiro (la entrada del Camino de Santiago en Galicia) y hasta el mismo Compostela.
A partir de Logroño la calzada es parte integrante en muchos tramos del Camino Francés, el más concurrido por los peregrinos. Un ejemplo precioso de calzada lo tenemos entre Carrión de los Condes y Calzadilla de la Cueza en la provincia de Palencia. En esta zona particular la histórica carretera toma el nombre de Vía Aquitana donde el peregrino pisa continuadamente sobre 12 kilómetros casi rectos y completamente llanos de firme pedregoso en el corazón de la meseta castellana, prácticamente sin árboles y con muy poco agua. Si hace sol y el calor aprieta… la etapa se puede convertir en un suplicio.

Desde mi juventud, cuando recorrí a pie los 1000 kmts. que separan Zaragoza de Santiago, he seguido con interés las vicisitudes de esta ruta milenaria. El Camino es una especie de injerto histórico en la vida moderna que conserva tradiciones exquisitas, absorbe y envuelve a quienes lo recorren en un misterioso ambiente que mezcla lo cultural con lo religioso, lo costumbrista y mucho más, haciendo que los peregrinos adquieran una solidaridad humana venida de los tiempos históricos, y los lleve casi en andas por la ruta hacia Santiago milagrosamente ajenos al tremendo individualismo moderno, vicio social a erradicar. El Camino marca y deja un recuerdo en la persona que lo recorre que hace que uno vuelva a su trabajo, a su ciudad de origen, y cada poco gire la cabeza y oriente sus pensamientos hacia el noroeste, en dirección al mítico Finisterre, con mezcla de asombro e interrogación. Lo dice todo aquél que lo ha experimentado.

Razonamiento fisiológico sobre la llamada del Camino

He concluido, por mi formación médica, si parte de esta razón sea el caminar a pie. Y puede que sí. Y esto porque continuadamente me llama la atención las sensaciones que experimento cuando recorro en mi ciudad andando tramos por donde en el 99% de las ocasiones paso sobre ruedas (moto o coche): es manifiesto que a pie te parece que la calle sea otra, te das cuenta de múltiples detalles, vistas, ruidos y olores, que con el paso a velocidad pierdes, no alcanzas.
Caminar a pie significa practicar el desplazamiento fisiológico natural del ser humano, aquel para el que sus órganos y sentidos fueron creados y donde por tanto exprimen su mayor provecho. Todo lo que sea sacar el organismo de la velocidad máxima de sus pies es alejar los sentidos de los límites de su capacidad biológica y perder por tanto continuadamente estímulos (Que es lo que ocurre siempre que nos desplazamos sobre vehículos, agravándose conforme aumenta la velocidad).
Y el Camino es lanzarse a pie una o varias semanas, por carreteras, sendas, trochas y veredas, de asfalto algunas veces y tierra en la mayoría de ocasiones, devolviendo el cuerpo humano a su velocidad natural y contagiando la misma al pensamiento y la reflexión, que pierden estrés y ganan en lógica.
Y esto la memoria fisiológica del organismo lo recuerda siempre. Andar significa salud, naturalidad, equilibrio y armonía. Y, concluida la andadura, el cerebro volverá sobre el Camino de tiempo en tiempo conforme sufra la agresión constante de la vida moderna en las ciudades (prisa, velocidad, egoísmo, duelo psicológico, estrés), recordándonos dónde está el fiel de nuestra naturaleza y orientando nuestra voluntad hacia ella.

La peregrina del Alto del Perdón

El pasado año, agosto de 2004, como acostumbro en los últimos años nada más pillar las ansiadas vacaciones, me inscribí para la asistencia a un curso de verano en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo de Santander (si eres mi amigo y me estás leyendo… apúntate a cualquier de estos cursos siempre que puedas: Residencia por cuatro chavos en un Palacio Real -La Magdalena-, ambiente cultural extraordinario, visitas diarias a Santander y provincia, gastronomía de lujo, temperatura exquisita… el Paraíso…).
Salí de Valencia, frito de calor y harto de trabajar todo un curso casi sin descanso, anticipándome una semana a la fecha de entrada en la Magdalena de Santander y paré en una pensión de Pamplona con la intención de andar dos o tres etapas del Camino por los Pirineos y a través de los ricos campos navarros. Una de las etapas que emprendí fue precisamente Pamplona – Puente la Reina, etapa de transición entre el duro trazado de la alta montaña pirenaica y la feraz, y feliz, vega rural de la Baja Navarra. Dejé los bártulos despreocupadamente y con prisa en la pensión, me vestí unos pantalones cortos, cogí mis botas y un pequeño macuto con algo de comida y abrigo, lo justo para la jornada, y descendiendo con ansiedad a la calle me dispuse a seguir los pasos de los primeros peregrinos que cruzaban la ciudad por el casco antiguo con dirección al campus universitario y hacia Cizur Menor.
Andando por el camino, a las dos horas y pico de dejar Pamplona, adelanté a una extranjera solitaria de paso cansino, muy agotada en su aspecto, ascendiendo lentamente, dando tumbos, hacia el Alto del Perdón, el escollo más importante de esta bella etapa. La infortunada peregrina era una mujer belga metida en carnes y de más que mediana edad que arrastraba sobre sus espaldas una mochila voluminosa que se me antojó no hubiera podido cargar sin sufrimiento ni el mismo Schwarzenegger de los buenos tiempos. Y es que uno de los consejos para el peregrino que cualquier guía del Camino indica con insistencia es procurar meter en la mochila cuanto menos peso mejor, exclusivamente lo indispensable… pero nadie hace caso. Concretamente, adelanté y en mi mal francés animé a la peregrina belga mediado un repecho fuerte y largo que lleva a Zariquiegui, lugar que recuerdo como la última aldea anterior a coronar el Alto del Perdón, desde donde el camino baja con facilidad mediana por Obanos hasta Puente la Reina.
La mujer transitaba lentamente, sin agua, la había agotado, y me dio tanta pena que paré en la fuente de Zariquiegui, llené una pequeña cantimplora con agua fresca y volví sobre mis pasos bajando hasta su nivel para asistirla. Quise subirle la mochila el trozo de repecho que le restaba para alcanzar la aldea, y su fuente, pero se negó, no sé si por desconfianza o por determinación de peregrino. Me dio las gracias y seguí camino.

Un peso lógico pero en mochila convencional acaba cansando

No obstante el caso particular de esta peregrina, es de destacar que cualquier peso, por acoplado a la persona, digamos 7 ú 8 kgrs. de mochila, es una carga significativa que cuesta transportar cuando hablamos de un marchador tipo que haya recorrido unos cuantos kilómetros y que tenga por recorrer unos cuantos más hasta el final de la etapa. Y al día siguiente, más de lo mismo. La situación empeora si la orografía es complicada, firme irregular con subidas y bajadas.
A lo largo del Camino encontrar cuestas es lo más normal especialmente en la primera parte, el Pirineo de Aragón o Navarra, y el final: Galicia. En Castilla las etapas son menos problemáticas en este aspecto, llanas en muchos kilómetros, aunque no hay que confiarse pues en la dura meseta castellana, por otro lado bellísima, uno encuentra en bastantes ocasiones un problema peor: la falta de vegetación, sin sombras donde recogerse, escasez de agua y el terrible calor que en los meses de verano puede sorprender y agotar al peregrino.

Se me ocurrió por todo ello, estudiar un dispositivo para facilitar el traslado de mochilas pesadas y así conseguir una peregrinación más confortable en lo posible, especialmente para aquellas personas que como yo ya no tenemos unas capacidades físicas juveniles y al contrario comenzamos, fruto de nuestros años, a padecer goteras corporales varias en forma de molestias articulares, lumbalgias, dorsalgias, etc.
Al regreso a Valencia comencé a trabajar con algunos amigos ingenieros a quienes propuse diseñar un sistema sobre ruedas semejante al que utilizan las yuntas de bueyes o las caballerías para arrastrar cargas pesadas.
Pero, pese a que mi intención primera para este trabajo era presentar exclusivamente un desarrollo científico que hemos ideado, es imposible nombrar el Camino de Santiago sin que a uno se le resbalen los dedos por el teclado hacia el sentimiento de muchos años. Por ello desearía mezclar mi intención entre alma, corazón y vida; ciencia, arte e ilusión, para ensamblar con un poco de historia y geografía del histórico Camino el desarrollo que hemos ideado.

Figura 9.- En la Vía Aquitana, entre Carrión de los Condes y Calzadilla de la Cueza. El Dr. Ilzarbe portando las dos mochilas. Nacho va de vacío. Gran ventaja del porteador.

Recuerdo social e histórico del Camino de Santiago
Historia y leyenda

Santiago el Mayor, junto a Juan el Evangelista, era hijo del Zebedeo y fue pescador hasta que Jesús le llamó para ser uno de sus apóstoles. Por su carácter impetuoso se le conoce como el Hijo del Trueno. Tras varios años de evangelización por la Península Ibérica, sobre todo en lo que hoy es Galicia, regresó a Jerusalén con sus dos discípulos, Atanasio y Teodoro. Allí le apresaron y fue decapitado en el año 42 d.C. a manos de Herodes Agripa, rey de Judea. Santiago es el primer mártir del colegio apostólico. Sus discípulos pudieron recuperar el cadáver y lo embarcaron rumbo a Galicia para ser enterrado donde había predicado. Atanasio y Teodoro desembarcaron en Iria Flavia (actual Padrón) y le dieron sepultura. La tumba cayó en el olvido hasta que, cuenta la tradición, en el año 813 un ermitaño llamado Pelayo informó a Teodomiro, a la sazón obispo de Iria Flavia, de unos extraños fenómenos que sucedían en el monte Libredón. Pelayo, observó durante varias noches sucesivas unos resplandores o luminarias misteriosas que asemejaban una lluvia de estrellas sobre un montículo. El obispo ordenó inspeccionar el terreno y aparecieron las ruinas de una capilla y un sepulcro con unos restos que Teodomiro adjudicó al apóstol Santiago y a sus dos discípulos, Atanasio y Teodoro. Enterado de la noticia, el rey Alfonso II el Casto, que años antes había declarado a Santiago patrón del reino, viajó desde Oviedo con su corte al lugar del descubrimiento, y ordenó construir una ermita. El lugar pasó a llamarse Compostela, que puede provenir tanto de campus estellae (campo de estrellas) como de compositum (cementerio). Había nacido un mito religioso con trascendencia política, pues Santiago serviría para unificar los reinos cristianos contra los musulmanes.

Los primeros caminos

La fama del Apóstol se extiende por toda Europa y empiezan a acudir devotos de todo el continente que utilizan antiguas vías romanas y comerciales cercanas a la costa del Cantábrico, protegidas por las montañas de las incursiones árabes. Hay quien mantiene que ya antes de que se descubriera la tumba del Apóstol, existía una peregrinación ancestral de carácter pagano hasta los confines del mundo conocido, al Finis Terrae, allá donde el sol se hundía en el mar. Según estos estudiosos, la Iglesia se habría limitado a cristianizar un camino de iniciación que existía desde tiempos inmemoriales. A la vez que aumentaba el número de peregrinos, se construían nuevos hospitales, albergues, iglesias y ciudades. Los reyes de Navarra, Asturias y León contribuyeron a promocionar la ruta construyendo puentes y nuevos caminos. El propio Almanzor quedó sorprendido por el culto dadl a Santiago. Cuando arrasó la ciudad en el año 997 se llevó las campanas pero respetó el sepulcro del santo, un gesto político hábil pues era sabedor del gran arraigo del santo sobre los sometidos. Al comenzar el nuevo milenio para ayudar a repoblar los terrenos reconquistados, la ruta de la costa pierde adeptos. Se aprovechan entonces las calzadas romanas que vienen desde Francia y atraviesan los Pirineos para dirigirse hacia el oeste, hacia las ricas minas de oro de las Médulas. Estaba forjándose el Camino por excelencia, el Camino Francés.

Figura 2.- Típico poyo o mojón de orientación presente a todo lo largo del Camino gracias a la gestión de asociaciones y autoridades locales, que auxilia a los peregrinos durante el Camino.

Figura 3.- Vieira y bordón. Típicos artículos del peregrino hacia Santiago. La vieira para beber agua de las fuentes. El bordón para apoyo en el caminar y defensa contra animales.


El camino de las estrellas

Tras el descubrimiento del sepulcro del Apóstol Santiago en la actual Compostela a principios del siglo IX, el lugar se transforma en destino de peregrinación para millones de europeos. Los nobles y reyes de los pequeños reinos cristianos de la península Ibérica favorecieron el desarrollo de la ruta de peregrinación, que se convirtió en el cordón umbilical con el resto de la Europa cristiana. La marea de peregrinos era tal, que algunos años superaban en número a la población de las principales ciudades del Camino.
Esta eclosión fue precedida por el cambio y afianzamiento de trazado que tuvo lugar a principios del siglo XI, cuando Sancho el Mayor de Navarra y Alfonso VI de León deciden que la ruta de peregrinación principal discurra por las tierras que estaban siendo reconquistadas. El nuevo Camino, además de ruta de peregrinación, se convierte en torrente de cultura, arte, comercio y repobladores, que llegan de toda Europa. A partir del siglo XVI, las guerras de religión y el desinterés llevan al olvido a la ruta jacobea. Algunos años, los peregrinos se pueden contar con los dedos de las manos.
El Camino Francés, es decir, el que entra por el puerto de Ibañeta hacia Roncesvalles en Navarra o por Somport a Canfranc en Aragón, confluyendo en Puente la Reina, y atraviesa la península de este a oeste, es a día de hoy la más popular de las rutas jacobeas hasta el punto de que para la inmensa mayoría de la gente es la única. A ello han contribuido la historia y las actuaciones más próximas en el tiempo. Sin embargo, estos casi ochocientos kilómetros sólo representan una pequeña parte de una extraordinaria red de caminos que parten desde distantes puntos de Europa, y que según bajan hacia el sur se funden hasta quedar convertidos en dos poco antes de atravesar los Pirineos. El Camino Francés se consolidó definitivamente durante el reinado de Alfonso VI, a mediados del siglo XII, coincidiendo con la construcción de la catedral de Santiago y la proclamación del Año Santo Compostelano por gracia del Papa Calixto II. Es la época dorada del Camino, que pasa a convertirse por añadidura, en la más sólida e importante vía de comunicación entre la península y el resto del continente. A través de Somport e Ibañeta penetraron en España el románico, la música, las leyendas y el pensamiento político de todos los pueblos de Europa unidos sólo por una religión común. Elementos todos ellos que en el crisol de Camino se fundieron para forjar Europa. Un texto medieval señala que «no hay lenguas ni dialectos cuyas voces no resuenen allí». Goethe escribió: «Europa nació de la peregrinación». Es tanta la importancia histórica de esta ruta milenaria que los sociólogos actuales no han dudado en nombrarla como la primera ruta turística del mundo.
A medida que, a partir del año 1000, el Camino iba cobrando importancia aumentaban la picaresca y el vandalismo. En el año 1170 se creó la orden de los Caballeros de Santiago a imagen y semejanza de la orden de los Templarios a la que se había encomendado la custodia de los Lugares Santos. Desapareció en el año 1312.



Figura 8.- En la Vía Aquitana, entre Carrión de los Condes y Calzadilla de la Cueza. Nacho Ilzarbe descansando. La llanura castellana puede ser una trampa para el peregrino. Espacio bellísimo pero si falta agua y aprieta el calor… En esta etapa pisamos 12 kmts., prácticamente sin interrupción, de calzada romana muy bien conservada.

La eclosión moderna del Camino. Paulo Coelho

A partir de los años setenta del siglo XX comienza un resurgir del Camino, gracias al empeño de anónimos amantes del Camino, al apoyo de las administraciones, las visitas del Papa a Santiago en los años ochenta y el renovado esfuerzo de la Iglesia, el desarrollo de múltiples asociaciones y cofradías y la declaración de Patrimonio de la Humanidad. En 1987 el Consejo de Europa declara al Camino Primer Itinerario Cultural Europeo y en 1994 la UNESCO lo nombra Patrimonio de la Humanidad.
El número de peregrinos que llegan hasta la plaza del Obradoiro en Santiago de Compostela, a pie la mayoría, o en bicicleta los menos, ha ido creciendo de forma progresiva, y en los Años Santos, aquéllos en que el 25 de julio, día de Santiago, cae en domingo, se multiplican por tres.
El año 2003 llegaron a Santiago más de setenta mil peregrinos de un centenar de países. El año 2004, más de ciento setenta mil peregrinos a pie, en bicicleta o a caballo, más una marea humana diaria imposible de contar de peregrinos en vehículos particulares o autobuses. Peregrinos que buscan y encuentran en el Camino abnegación, esfuerzo, espiritualidad, aventura, solidaridad, compañerismo, sudor, lágrimas y alegrías y mucho camino por andar.

En el ámbito internacional, y entre los escritores civiles, cabría hacer una comparación entre lo que propagandísticamente significaron los escritos del nobel estadounidense Ernest Hemingway para las fiestas de San Fermín con lo que ha significado el brasileño Paulo Coelho respecto al Camino de Santiago. Y es que fue la novela de este autor titulada EL PEREGRINO DE COMPOSTELA: DIARIO DE UN MAGO el vehículo bibliográfico que ha dado a conocer el Camino en la época moderna todavía más en el mundo. En 1986, Paulo Coelho emprendió el peregrinaje a Santiago de Compostela y posteriormente escribió este reconocido libro. "En aquella época -dice el autor-, mi búsqueda espiritual estaba relacionada con la idea de que existían secretos, caminos misteriosos y gente capaz de comprender y controlar las cosas que permanecen ocultas a la mayoría de los mortales. Creía que lo que es difícil y complicado lleva siempre a la comprensión del misterio de la vida." A lo largo de este viaje verdaderamente iniciático, las etapas del cual se encuentran relatadas en el libro, el hombre experimenta una transformación: se convence de que "lo extraordinario se encuentra en el camino de las personas comunes". Como escritor, Coelho se consagra al plasmar, en un estilo llano y fluido, la riqueza de nuestra realidad interior con la intención de compartir su experiencia con todos los que lo leen. El Peregrino de Compostela (Diario de un mago) ocupa un lugar privilegiado en la obra de Paulo Coelho, por la completa exposición que hace de su filosofía humanista y de la profundidad de su búsqueda.

Estadística de peregrinos que han recogido la Compostela. Fuente: Archicofradía del Camino de Santiago. Arzobispado de Santiago de Compostela

Años
Peregr.
%+/-
1985/6
2.491  
1987 2.905 16,62
1988 3.501 20,52
1989 5.760 64,52
1990 4.918 -14,62
1991 7.274 47,91
1992 9.764 34,23
1993(Año Santo) 99.436 +918,39
1994 15.863 -84,047
1995 19.821 24,951
1996 23.218 17,138
1997 25.179 8,446
1998 30.126 19,65
1999 (Año Santo) 154.613 +413,2
2000 55.004 -64,42
2001 61.418 11,66
2002 68.952 10,93
2003 74.614 8,21
2004 (Año Santo) 179.944 141,17

 

¿Qué es un peregrino?

Actualmente: Quien viaja a Santiago.
Las tres grandes rutas de peregrinación del cristianismo han tenido como destino Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela.
En tiempos de las peregrinaciones organizadas, los devotos en viaje hacia cualquiera de los tres lugares recibían el mismo nombre: peregrino.
No obstante, la peregrinación a Santiago asumió tanto renombre que finalmente la palabra “peregrino” quedo en exclusiva para aquéllos que iban en ruta a Santiago, siendo «palmeros» los que lo hacían al Santo Sepulcro en Jerusalén porque su símbolo distintivo era una rama de palma y «romeros» los que acudían a postrarse ante las tumbas de San Pedro y San Pablo en Roma.

Figura 4.- Dibujo ideal de un antiguo peregrino equipado con los artículos clásicos de la andadura: bordón para ayudarse en la marcha y defenderse de los animales; calabaza para vino o agua; macuto con provisiones para la jornada; esclavina para la lluvia; sombrero para el sol; vieira para beber agua de las fuentes.


El significado de Ultreia

Ultreia fue y sigue siendo el saludo entre los peregrinos y una forma de dar ánimos. Viene del latín, y consta de dos palabras juntas: ultra y eia. Ultra significa más, y eia allá. Esta palabra procede del Codex Calixtinus, de una canción en latín del siglo XII. Una de las frases de la canción reza: E Ultreia, e suseia, deus adjuvanos. Otros aseguran que antes se decía ultreia, suseia, Santiago para infundir energía: «ánimo, que más allá, más arriba está Santiago».


La esencia de la andadura: El espíritu del peregrino

Pese a haber sido reconocida como la primera ruta turística de Europa un aforismo del Camino resume y marca perfectamente las diferencias entre Camino y turismo cuando sentencia acertadamente cómo debe comportarse el peregrino: «El turista exige, el peregrino agradece». Y ese es el espíritu del Camino.
Al final, cuando el peregrino, creyente o agnóstico, se asoma a la ciudad de las estrellas desde el Monte do Gozo no puede dejar de sentir un escalofrío gozoso a lo largo de toda su columna vertebral, y no puede evitar mirar hacia atrás como intentando resumir en una sola ojeada, la impagable lección que transmite el Camino.
Y es así que muchos expertos de gran valía entienden que nuestra sociedad ha querido impregnar en estos días al Camino de alguno de sus vicios, ya que peregrinar no significa, en absoluto, ir en busca de récords Guiness a lo atleta de élite-piernas rasuradas-Sprite-Aquarius-vaselina-llegué el primero. Muy al contrario, el deporte no supone siquiera un último motivo del espíritu peregrino. El Camino hay que andarlo con pausa y reflexión, no con prisas y al mogollón. El Camino milenario plagado de lugares y señales místicas hay que transitarlo con respeto, solidaridad, recogimiento y contemplación, cualidades que combinan muy mal con las prisas, siquiera con la rapidez. A cada revuelta, en cualquier lugar, hay que estar atento pues el Camino siempre enseña a quien lo sabe transitar.

Figura 14.- En Samos, con el majestuoso monasterio al fondo. En este lugar un grupo de australianas elogiaron nuestro desarrollo. El porteador llamó mucho la atención durante la marcha. Si no nos hicieron más de 100 fotos, no nos hicieron ninguna…


La primera guía

El Papa Calixto II promovió la edición de una guía para los peregrinos. Así surgió el Codex Calixtinus, publicado en el año 1139 y atribuido al presbítero francés Aymeric Picaud, peregrino del Camino, clérigo y viajero. En sus cinco libros se recogen cantos, alabanzas y milagros, la historia del enterramiento del apóstol Santiago, la crónica de las incursiones de Carlomagno en la península y la descripción de los caminos que llegaban a Santiago. En el quinto libro del Codex, conocido como Liber Sancti Jacobi, se describen las etapas, se mencionan los pueblos, las hospederías y también los peligros que aguardan al peregrino.

El arte en el Camino: Santiago de Compostela. Catedral

Como es natural, una ruta milenaria como el Camino de Santiago es rica en manifestaciones artísticas de todo tipo, y constante la presencia de restos arqueológicos fruto de la relación e influencia de los miles y miles de peregrinos.
Es así que encontramos innumerables iglesias, colegiatas, palacios, monasterios, casas solariegas, pinturas, costumbres, músicas, tradiciones producto del tiempo de religiosidad y cultura de tantos y tantos años que nuestro Camino ha vivido, y vive.

Hay algunos núcleos urbanos completamente hijos del Camino, sin el cual nunca hubieran existido. En cualquiera de las rutas del Camino encontramos verdaderas joyas del arte en nuestra península. Nombres como Roncesvalles, Pamplona, Puente la Reina, Oviedo, Nájera, Jaca, Logroño, Burgos, Santo Domingo de la Calzada, San Juan de Ortega, Carrión de los Condes, Mansilla de las Mulas, Ponferrada, León, Astorga, O Cebreiro, etc., etc. jalonan y dan esplendor a cualquiera de las etapas que el peregrino emprende y le hablan a golpe de piedra vieja que el hombre hubo un tiempo que quiso el arte, la solidaridad, el calor humano y la paz, reconfortando su espíritu con la esperanza de un futuro posible semejante.

Saldría fuera de esta introducción entretenernos en describir tantísimas bellas muestras surgidas de la mano y el pensamiento del hombre aunque sí como ejemplo queremos hablar, muy escuetamente, de la ciudad para nosotros más paradigmática de las muchas del Camino, y que a la vez es su meta: Santiago de Compostela.
Declarada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, Santiago es actualmente la capital de la autonomía gallega. Santiago de Compostela embruja a quien la visita. Ciudad histórica llena de monumentalidad, maravillas gastronómicas y gentes acogedoras. Pasear por Santiago, una vez concluida la peregrinación, tras los duros días de andadura, etapa tras etapa, a través de calor, lluvía, frío o nieve, calamidades y sacrificios, es una emocionante aventura para los sentidos y el espíritu. Uno no dejaría nunca de perderse de día o de noche por el casco antiguo de Santiago.

La Catedral de Santiago de Compostela es la muestra más sobresaliente del arte románico español, el más perfecto ejemplo de las llamadas iglesias de peregrinación de cuantas se alzaron a lo largo del Camino de Santiago; Ampara el sepulcro del Apóstol y centra la leyenda de su aparición.
Cuenta la tradición que en el año 814 el obispo de Iria Flavia, Teodomiro, descubre la tumba con los restos del Apóstol Santiago en el Campo de la Estrella (Compostela), lo que dio lugar al levantamiento de una pequeña iglesia que perduró hasta la edificada por Alfonso II el Casto, una primera basílica de gran simplicidad, sobre la cual se irán realizando diversas modificaciones y ampliaciones, de entre las que destaca la ejecutada por Alfonso III el Magno en el año 899, presumiblemente de estilo mozárabe y elementos visigóticos. Tras la razzia de Almanzor en 997 hubo de ser reparada y seguramente pudo ser la base para el inicio de proyectos de una nueva construcción, ya bajo los estímulos del arte románico.

Iniciada la construcción de la actual Catedral en el año 1075 bajo el patronazgo del rey Alfonso VI y el obispo Diego Peláez, intervinieron en ella los arquitectos Bernardo el Viejo y Roberto que tras diez años de trabajos apenas pudieron hacer más que la cabecera. En 1093 es elegido un nuevo obispo, Diego Gelmírez, hombre de gran personalidad y carácter dominante que da el impulso definitivo para la conclusión de la obra contratando, en torno al año 1100, al maestro Esteban. En esta segunda fase constructiva, hasta el año 1122, se alzan la casi totalidad de las naves y el transepto del conjunto catedralicio, faltando únicamente la fachada de los pies y las torres. Las obras fueron terminadas en el año 1122 o el 1124. La tercera y última etapa constructiva comienza en 1168 cuando se hace cargo de las obras el maestro Mateo, constructor del prodigioso Pórtico de la Gloria y de la cripta que le sirve de soporte.
En cuanto a las tradiciones de la Catedral cabría nombrar muchas, pero sobre todas por su espectacularidad El Botafumeiro. Es éste un incensario gigante, que puesto en función cruza transversal, con grave impresión y majestuosamente, por delante del altar mayor, sobre los peregrinos, de lado a lado de la catedral y hacia lo alto, casi hasta tocar techo. El botafumeiro tiene su origen en el medioevo como medio para “aclarar” el hedor del ambiente cargado cuando multitudes de peregrinos, mal lavados y peor vestidos, acudían a la misa diaria del peregrino.

Al llegar a la Catedral de Santiago, los peregrinos cumplen un ritual amplio que comienza en el Pórtico de la Gloria (posar la mano, los croques), pasa por detrás del altar mayor para dar el abrazo al Apóstol y finaliza en la cripta visitando la tumba de Santiago.

Figura 5.- El Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela. Artísticamente esculpido entre el estilo románico y la sensibilidad del gótico el nombre de Pórtico de la Gloria lo recibe de la escena que aparece representada en el centro, donde las esculturas interpretan la Gloria del Señor, rodeado de ángeles, mostrando los símbolos de la Pasión. Grabada en el propio monumento fecha y autor: 1188, Maestro Mateo.

Figura 6.- Dentro del Pórtico sobresale el parteluz con la figura del Apóstol sobre el "árbol de Jesé" que le sirve de pedestal y el pilar de los Profetas en el que se encuentran Jeremías, Daniel, Isaías y Moisés.


MATERIALES Y MÉTODOS
Propuesta teórica

Se me ocurrió como dije antes, tras el episodio de la agotada peregrina belga subiendo hacia el Alto del Perdón en Navarra y como reflexión general, estudiar un dispositivo para facilitar el traslado de mochilas pesadas y así conseguir una peregrinación más confortable en lo posible, especialmente para aquellas personas que como la belga y yo mismo ya no tenemos una capacidades físicas juveniles y al contrario comenzamos, fruto de nuestros años, a padecer goteras corporales varias en forma de molestias articulares, lumbalgias, dorsalgias, etc. que pueden impedir de algún modo la actividad física de cierto grado.
Al regreso a Valencia comencé a trabajar con algunos amigos ingenieros a quienes propuse la creación de un sistema sobre ruedas semejante al que utilizan las yuntas de bueyes o las caballerías para arrastrar cargas pesadas.

Descripción física del porteador

El porteador que hemos diseñado básicamente es un arnés de aluminio alargado en sentido longitudinal y muy estrecho en el transverso (ver figura 7: esquema para patente) que en la parte baja conecta con el suelo a través de dos ruedas. Dos piezas gemelas rectas de metal se elevan paralelamente en sentido longitudinal hasta una altura de unos 100 mm. del suelo donde encajan telescópicamente con sendas piezas machos. El arnés termina arriba acoplado a los hombros del portante mediante dos prolongaciones en ángulo recto de los machos telescópicos. Perpendicularmente al eje principal longitudinal formado por las piezas de aluminio telescópicas, tres o cuatro varillas del mismo metal atraviesan y unen a distancias equivalentes formando un conjunto sólido y ligero.
En el porteador así construido se cargan y aseguran con firmeza las mochilas mediante tensores. Las dos ruedas soportan la mayor parte del peso durante la marcha y facilitan el arrastre aliviando así el transporte de bultos por parte de un marchador.
Con este aparato logramos que una mochila de 10 kgrs. pase a pesar 1.5 kgrs. en los hombros de quien lo tracciona, según cálculos realizados por ingenieros del Parque Tecnológico de Paterna (Valencia) con quienes hemos colaborado en ésta y anteriores ocasiones.

El dispositivo adopta una amortiguación para el conjunto, ensamblando ruedas con el chasis de aluminio mediante el sistema tipo barra de torsión propio de los vehículos todo terreno (carros de combate, transportes oruga, etc), objeto de nuestra patente. Así, las ruedas adquieren un movimiento individualizado lo que hace que el paso por sendas o caminos de firme irregular sea menos complicado, dando al tiempo estabilidad fiable a la carga.
En casos extraordinarios donde la dificultad de caminar es extrema, sólo permitida al paso de los pies, al ser las barras de anclajes a los hombros telescópicas podrán plegarse longitudinalmente para ser portadas por la mochila. La mochila pasa a cargar nuestro dispositivo temporalmente, en lugar de ser portada por el porteador. Este concepto se aclarará mejor a la vista de la figura 10: el marchador porta el porteador. En figura 11: disposición normal en sentido de marcha. La carga reposa sobre las ruedas aliviando al peregrino.

La ciclabilidad del Camino de Santiago es del 98% según las guías consultadas, lo que significa que nuestro aparato porteador es útil en la mayoría de los kilómetros por sendas, tierra o asfalto por los que transcurre la ruta. En el otro 2% deberá ser la mochila la que lleve el chasis. Para ello montamos la mochila sobre el chasis con su arnés visto de modo que pueda ser vestida sobre los hombros sin descomponer el todo, simplemente bajando las guías telescópicas para recoger el chasis, como indica la figura 10.

Estas serían las dos características más sobresalientes de nuestro desarrollo: capacidad de paso por terrenos irregulares gracias a las barras de torsión y posibilidad de ser convertido de porteador a portado en un simple movimiento giratorio de 180 grados en caso de encontrar en la etapa lugares especialmente angostos y de firme irregular donde sólo los pies del caminante pueden manejarse.

El porteador es un chasis válido para cualquier tipo de mochila.

Estamos en curso de recibir una subvención por parte de la entidad médica ASISA ya que nuestro porteador permite a personas con discapacidades parciales (años, hernias, etc) la carga con comodidad de mochilas pesadas pudiendo realizar caminos de peregrinaje o recorridos por sendas de montaña que antes no les era dado como resultado de su minusvalía.



Figura 7.- Esquema básico del porteador que figura en la solicitud de patente presentada. Se resalta en más oscuro el dispositivo tipo barra de torsión que individualiza la amortiguación de las ruedas dando estabilidad a la carga.

Figura 10.- En zonas de dificultad elevada, donde sólo es posible pasar sobre los pies, el porteador se pliega y es portado por la mochila. Esto ocurre en muy pocas ocasiones en el Camino de Santiago (98% de ciclabilidad). Es una de las grandes ventajas de nuestro porteador: convertibilidad.

Figura 11.- Peregrino arrastrando mochila de 10 kgrs. con porteador. Soporta únicamente 1.5 kgrs., sobre los hombros. Por seguridad el porteador no va ligado al cuerpo y queda estabilizado con el soporte de manos. Barras de torsión en las ruedas dan equilibrio a la carga. La espalda separada del arnés respira sin sudorar.

 

CONCLUSIONES Y RESULTADOS
Práctica con prototipos por el Camino de Santiago

Una vez que a lo largo de unos meses de estudio decidimos el primer diseño teórico y reflexionamos sobre sus modificaciones, me hice fabricar un prototipo todo lo ligero posible para poder probarlo en el Camino.
Y esto he hecho el verano pasado, agosto 2005, durante 12 días.
Partí en coche desde Valencia con mi hijo Nacho con dos mochilas de 10 kgrs. cada una y el porteador como equipaje para hacer una prueba práctica que validara nuestro desarrollo sobre un muestreo variado de las distintas orografías del Camino. Elegí una etapa en el Pirineo (Roncesvalles – Larrasoaña), una etapa en Castilla (Carrión de los Condes – Calzadilla de la Cueza) y por último todas las etapas gallegas del Camino, dejando el coche en O Cebreiro y andando hasta Santiago en seis jornadas: O Cebreiro – Triacastela – Sarria – Portomarín – Palas de Rei – Arzúa – O Pino - Santiago.
Anteriormente, en Valencia, durante la primavera, habíamos realizado bastantes horas de andadura por la sierra cercana de La Calderona probando el dispositivo con pulsómetros para comparar el resultado de la diferencia de cargas en individuos entrenados, con carga de mochila convencional y con carga con nuestro desarrollo. Los resultados de las pruebas biológicas son muy favorables. Lógicamente un organismo se cansa más portando 10 kgrs que portando 1.5 kgrs.

En el Camino pisamos todo tipo de firmes, desde piedra o gravilla hasta asfalto, y cruzamos por distintas orografías con subidas y bajadas pronunciadas, así como zonas de prolongados llanos.
En total hemos andado con nuestro porteador aproximadamente 200 kmts. de Camino.
Pudimos comprobar in situ la gran ventaja que nuestro diseño aporta a quien lo usa, especialmente en zonas llanas y descensos en comparación con el medio clásico de transporte de carga del excursionista: mochila sobre los hombros anudada por cintura y pecho.
Quien porta una mochila de cierto peso padece tanto en subidas como en llanos y, especialmente, en las bajadas. En estas pendientes las correas de la mochila que abrazan los hombros, por mullidas que sean, terminan clavándose en la parte antero-superior de éstos, y las rodillas y puntas de los pies sufren al tener que ir constantemente frenando el sobrepeso para contrarrestar la inercia de la gravedad.
Al contrario, nuestro desarrollo posibilita cargar con toda comodidad el peso en subidas y llanos y, dando la vuelta, llevando la carga hacia delante, el arnés es manejado con extraordinaria soltura en las bajadas.
Una ventaja adicional es evitar la sudoración de espalda que las mochilas provocan. Nuestro arnés, apartado de la espalda, (ver figuras 9, 11, 13) únicamente apoya en hombros y no de modo continuado. La espalda va aireada constantemente. Quien haya portado una mochila convencional sabe lo molesto que resulta el sudor empapando las ropas fruto del roce continuado, el esfuerzo físico y el calor.
Además, el porteador no va ligado al caminante, de modo que separase de él consiste en un ligero movimiento hacia atrás de la mano, dejando plantado el conjunto (ver figura 12). Del mismo modo resulta muy fácil iniciar el camino. Compárese lo engorroso de descargarse una mochila para descansar o volverla a cargar sobre los hombros para emprender el paso.
Hemos de destacar nuevamente la gran diferencia de carga entre porteador y mochila convencional y, por tanto, la gran diferencia en el desgaste físico.
Quien lleva una mochila de 10 kgrs. termina la jornada cansado, por buen entrenamiento que haya realizado en los meses anteriores a la peregrinación. Sin embargo con nuestro porteador arrastrar esos mismos 10 kgrs. significa soportar sobre los hombros únicamente 1.5 kgrs. ya que el peso mayor recae en las ruedas. Hasta incluso, como podemos apreciar en algunas de las figuras, el marchador que usa un porteador puede cargar dos mochilas de 10 kgrs., haciendo un total de 20 kgrs. en bruto, que en hombros quedan reducidos a sólo 3 kgrs. Es decir, dos marchadores pueden compartir un porteador con carga doble, dos mochilas, yendo uno de ellos sin carga alguna y el otro soportando únicamente 3 kgrs (ver figura 16). Turnándose en espacios de tiempo equivalentes permite una excursión muy descansada ya que la mitad del camino se hará sin carga y la otra mitad con una carga liviana, 3 kgrs.
Si comparamos teóricamente el cansancio acumulado por una persona cargando de modo continuado una mochila de 10 kgrs. durante 20 kmts., por ejemplo, con el que acumularía sirviéndose del porteador y marchando10 kmts. sin carga y los restantes 10 con sólo 3 kgrs., obviamente, concluiremos en que la segunda opción es mucho más descansada.
Así, efectivamente, durante el Camino pudimos comprobar en la práctica que tanto en los descansos habidos en el curso de las etapas como en los refugios, al final de las duras jornadas a pie, nuestro estado físico era muy superior al de los marchadores convencionales.

Es de destacar que a los peregrinos con los que contactamos a lo largo de las jornadas hasta Santiago el porteador les chocaba a la primera impresión, como toda novedad.
En un principio nos miraban con extrañeza e incredulidad. Sin embargo reflexionaban positivamente cuando se veían adelantados con ventaja por un personaje que peinaba canas y que cargaba dos mochilones grandes. Y más, cuando al final de cada etapa nos veían descansados y comparaban su estado físico con el nuestro.
Es así que algunos grupos de jóvenes que habían viajado por Europa con interrail nos hablaron de lo bien que les hubiera venido nuestro porteador. Y también de usos para otros propósitos: grupos excursionistas para transporte de cargas pesadas a los campamentos base (alimentos por ejemplo),

Sin embargo, pensamos que dentro de un tiempo la gente puede llevar las mochilas así. Es igual al tema de las maletas de viaje. Cuando se planteó que las maletas llevaran ruedas todo el mundo se echaba las manos a la cabeza. El barco pintado. Las maletas siempre, de toda la vida, por pesadas que fueran se habían llevado del asa y era una boutade plantear que llevaran ruedas… Ahora se impone la lógica: llevan ruedas todas las maletas.

Las dos características más sobresalientes de nuestro desarrollo son:
ESTABILIDAD DE CARGA: capacidad de paso por terrenos irregulares gracias a la especial amortiguación de las barras de torsión y
CONVERTIBILIDAD: posibilidad de ser convertido de porteador a portado en un simple movimiento giratorio de 180 grados en caso de encontrar en la etapa lugares especialmente angostos y de firme irregular donde sólo los pies del caminante pueden manejarse.

El porteador es un chasis válido para cualquier tipo de mochila.

Figura 12.- Prototipo diseñado para el Camino. Detalle de las ruedas, barras de torsión y sujeción de la mochila sobre el porteador. En caso de dificultad la mochila transportará el porteador (convertibilidad).

Figura 13.- Nacho a la salida de O Cebreiro camino de Triacastela, cargando el porteador con dos mochilas. Estabilidad de los bultos en cualquier terreno gracias a las barras de torsión que conectan las ruedas con el chasis del porteador.

Figura 15.- En la Plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela. El Camino concluido. Dr. Ilzarbe en primer plano con el porteador. A espaldas la majestuosa fachada de la Catedral de Santiago de Compostela.


Figura 16.- En la Plaza del Obradoiro al final del Camino. El porteador soporta dos mochilas con un peso bruto total de 20 kgrs. La mayoría del Camino fue realizado con comodidad con esta carga, significando únicamente 3 kgrs. sobre los hombros.

EPILOGO
Experiencia final de un veterano y el peregrino de O Cebreiro

Concluí el Camino en Santiago y tras pasar tres días disfrutando merecidamente de la exquisita ciudad, habiendo despedido dos días antes a mi hijo que regresaba en tren a Altea por “serios e ineludibles compromisos juveniles de verano”, me dispuse a acercarme en autobús hasta Villafranca para recoger mi coche en O Cebreiro y salir también de regreso a la costa de Alicante para reunirme con el resto de la familia.
Por razones de experimentar una última prueba del porteador, quise recorrer la etapa que desde Villafranca del Bierzo, en León, asciende hasta Galicia, subiendo por el temible en otras épocas puerto de Piedrafita del Cebreiro, y que alcanza finalmente la preciosa aldea de O Cebreiro.
De la dificultad de esta etapa me habían estada hablando constantemente, coincidiendo siempre en la opinión, distintos peregrinos durante los días del recorrido por tierras gallegas hasta Santiago.
El poblado de O Cebreiro es un punto mítico del Camino que encierra en la iglesia ermita de de Santa María, dentro de un ambiente recogido y misterioso, una de las leyendas más cuajadas de la ruta: El milagro de O Cebreiro sucedido a un monje de poca fe.
Mi marcha era en cierto modo despreocupada. De natural soy optimista y por mis anteriores andaduras por el Camino y añadida la razón de venir ya de Santiago, de estar de vuelta, tras los kilómetros pasados, la sensación de veteranía, de conocerlo todo, acompañaba mi paso.
Sin embargo, al doblar un recodo del camino paré a tomar un poco de queso y vino de mis provisiones en un lugar especial, a la linde de un cementerio solitario y tranquilo, abandonado, o así parecía, de los muchos que se encuentran en Galicia y que dan personalidad a esta bella tierra. El ambiente húmedo, la profusa y variada vegetación y las piedras enmohecidas, pobladas de verdes viejos, hablaban de la abundancia de lluvias y me situaban en los paisajes donde tan grandes escritores del norte de España han encontrado inspiración. Son lugares que uno recuerda haber leído descritos en alguna novela o contemplado en películas de producción española (me viene a la memoria El abuelo, de Garci).
Y, realmente, era el primer día de mal tiempo desde que inicié el Camino, aún habiendo recorrido completamente Galicia, y su fama meteorológica.
El ambiente nuboso, con lluvia intermitente junto con el frío que comenzaba a sentir, bajó mis pies de veterano a la tierra y me sumió en la sensación de inquietud hacia lo nuevo de quien aprende a cada momento.
Subí los últimos kilómetros del puerto bajo una intensa niebla y cierta preocupación, iba sólo, pensando por momentos en los miles de peregrinos que me habían antecedido en la andadura por esas piedras y, sobre todo, en las dificultades que habrían encontrado aquéllos que siglos atrás, con muchos peores medios y condiciones, hubieran emprendido la misma etapa. (Y es que no es extraño ver en el Camino desde el Pirineo, y cada tanto, una tumba aquí y un monumento allá evocando el recuerdo de algún peregrino que en tal punto quedó sin fuerzas, enfermó y falleció).
Entre unas cosas y otras, ansioso, llegué por fin a O Cebreiro. Y allí, en el primer refugio que encontré, una posada con un acogedor comedor que ya desde fuera olía a buenos alimentos, entré con mi porteador, lo arrinconé plegado en la pared y me dispuse a disfrutar de un merecido café acompañado con orujo de hierbas gallego, una delicia.
Y esto así, aprendí la última lección, el último día del Camino y me dije que ya nunca en el futuro debería volver a caer en el feo pecado del orgullo del veterano, el sobrado, quien cree saberlo todo.
Se me acercó sin darme cuenta un hombre de mediana edad, quizá más que mediana, quien me tendió amistosamente su cálida mano para presentarse. Mediante unas palabras de bienvenida me invitó a compartir su mesa y beber de su vino. Por supuesto, cansancio, bondad… y vino, acepté la silla que me ofrecía y, trascurrida una breve conversación, me di cuenta de que me encontraba ante un verdadero peregrino salido, quién sabe, de lo hondo de los siglos, heredero fidedigno de la filosofía, la religiosidad, la mística y la cultura del Camino. Aquel hombre sencillo y sabio me dio consejos de palabra que agradecí sin hablar, seguramente lo hice con la mirada, y de a poco iba deslizando desde sus bolsillos unos cuantos versos de poetas españoles impresos en pequeños y humildes pedazos de papel. Me despedí al terminar de un íntimo amigo que acababa de conocer, y, sorprendentemente, el peregrino apareció tras de mí a la puerta de la posada, haciendo sonar largo y con fuerza una caracola grande que, según la tradición, me dijo, servía como orientación a los ancestrales caminantes perdidos y desperdigados entre la niebla, la lluvia, el frío y el cansancio, a lo largo de las peligrosas cuestas del puerto de Piedrafita.
Llegué a Valencia y entre mis recuerdos del Camino transcribí en mi ordenador con emoción los versos que Jose Miguel Burgui Ongay, el insigne peregrino navarro, guía de peregrinos en O Cebreiro, me había obsequiado y que yo no quería olvidar.
Uno de ellos, de León Felipe, precioso canto a la libertad, es mi despedida, al tiempo que invitación a los lectores a emprender el Camino.

Romero solo

Ser en la vida romero,
romero solo que cruza
siempre por caminos nuevos.
Ser en la vida romero
sin más oficio,
sin otro nombre y sin pueblo.
Ser en la vida romero… sólo romero.
Que no hagan callo las cosas
ni en el alma ni en el cuerpo,
pasar por todo una vez,
una vez solo y ligero,
ligero, siempre ligero.
Que no se acostumbre el pie
a pisar el mismo suelo,
ni el tablado de la farsa,
ni la losa de los templos
para que nunca recemos
como el sacristán los rezos,
ni como el cómico viejo
digamos los versos.

La mano ociosa es quien tiene
más fino el tacto en los dedos
decía el príncipe Hamlet,
viendo cómo cavaba una fosa
y cantaba al mismo tiempo
un sepulturero.
No sabiendo los oficios
los haremos con respeto.
Para enterrar a los muertos
como debemos
cualquiera sirve, cualquiera…
menos un sepulturero.

Un día todos sabemos
hacer justicia.
Tan bien como el Rey hebreo
la hizo Sancho el escudero
y el villano Pedro Crespo.

Que no hagan callo las cosas
ni el el alma ni el el cuerpo.
Pasar por todo una vez,
una vez solo y ligero,
ligero, siempre ligero.

Sensibles a todo viento
y bajo todos los cielos,
poetas, nunca cantemos
la vida de un mismo pueblo
ni la flor de un solo huerto.
Que sean todos los pueblos
y todos los huertos nuestros.

 

 

B

ibliografía  
1. Burgui Ongay, José Miguel. En camino a Santiago con jóvenes: dinámica y materiales. Madrid : CCS, 1993. . El
2. Crespo, Carlos J. Camino de Santiago en bicicleta. Santiago de Compostela : Xunta de Galicia, Dirección Xeral de Promoción do Camiño de Santiago, 1995.
3. Luis Vazquez de Parga, Jose Mª Lacarra y Juan Uría Riu Las peregrinaciones a Santiago de Compostela.. 1992. Tres tomos.
4. Elías Valiña. El Camino de Santiago, estudio Histórico-Jurídico, de (año 1971, 2ª edición 1990)
5. Linda Kay Davidson, David. M. Gitlitz The pilgrimage Road to Santiago, año 2000.
6. Román Hereter. El Camino de Santiago Monumental. Editorial Planeta, 1998.
7. Arturo Soria. El Camino de Santiago. Ministerio de Obras Públicas y Transportes Año 1991. 2 tomos.
8. Aeroguía del Camino de Santiago. Editorial Planeta 1998.
9. Herrera José Luis La Hechura del Camino de Santiago, (1986).
10. Torres Prieto Fray Juan Antonio Tu Solus Peregrinus. Viaje interior por el Camino de Santiago. 1996.
11. Codex Calixtinus. "Guía del Peregrino Medieval", traducción de Millán Bravo Lozano. Centro de Estudos del Camino de Santiago, 1989.
12. Guía Espiritual del Peregrino, de la Oficina de Peregrinación de Santiago de Compostela
13. De Navarra a Compostela. Guía lírica del Camino de Santiago.
14. Paulo Coelho El Peregrino de Compostela. Diario de un mago.. 1989. Editorial Planeta
15. Martinez, Teodoro. S.J. El Camino de Santiago. Fondo editorial de la Diputación foral de Vizcaya. 1965.


C

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